Para encontrar la belleza del corazón, es muy importante saber escucharse a uno mismo y sobre todo escuchar la voz de Dios que nos habla al corazón. Y esto parte desde la Palabra evangélica meditada cada día, que nos alimenta para vivir en plenitud.
La Palabra de Dios, meditada en nuestra vida es como el agua que está en constante movimiento cuando alguien le tira una piedra, siempre está haciendo círculos en movimiento, es así como debe estar rumiando la Palabra de Dios en nuestro corazón y dar testimonio desde allí a cuanta gente nos rodea.
Es más, esta es nuestra fuente de agua viva donde puede saciar nuestra sed, para el caminar de cada día, y es la fuerza salvadora en nuestras noches más oscuras de la vida....
Las pautas más prácticas para meditar son desde la Palabra de vida.
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Hola amiga tu blog está muy bonito.
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